El envejecimiento de la población es un fenómeno que afecta a todos los países de la UE, y esto influye en la mayoría de los aspectos de la sociedad y la economía, incluyendo vivienda, salud y protección social, mercados laborales, la demanda de bienes y servicios, sostenibilidad macroeconómica y fiscal, estructuras familiares y lazos intergeneracionales.
A principios de 2019, 101,1 millones de personas en la UE habían alcanzado la edad de 65 años, el 20% de la población total. Para 2050, se prevé que esta participación aumente al 29%. El envejecimiento se debe principalmente a una caída a largo plazo en las tasas de fertilidad y aumento de la esperanza de vida. Pero el envejecimiento no debería ser motivo de pesimismo, es más, puede ser una «oportunidad».
En el fondo, hay que hacer que las personas sean más productivas para compensar el envejecimiento. Las soluciones podrían incluir mantener a la población de edad avanzada en la fuerza laboral con una mayor capacitación, asegurar que la desigualdad de pensiones no surja y elevar la edad de jubilación. El envejecimiento de la población en Europa alimenta una tendencia más amplia, pues es la única región del mundo cuya población está disminuyendo. En los próximos 30 años, las Naciones Unidas pronostican que la población mundial llegará a casi 10 mil millones de personas; en Europa, aunque caerá hasta 26 millones para 2050.
Independientemente de las políticas que se adopten en la próxima década, no hay perspectivas de alterar significativamente el envejecimiento de Europa. A largo plazo, la migración tiene efectos limitados sobre el envejecimiento de la población, porque los recién llegados inevitablemente envejecen, lo que se suma a las poblaciones de trabajadores y no trabajadores con el tiempo. Incluso si los países de la UE superan sus diferentes puntos de vista y se unieran detrás de un enfoque de inmigración abierto (como ocurre en) Canadá, que sumara más de 100 millones de personas para 2060, la edad promedio en Europa continuará aumentando.
Pero la métricas pasan por alto tres transformaciones clave en la participación laboral y la educación que podrían ayudar a mantener el actual equilibrio cercano entre dependientes y trabajadores en Europa.
Primero, los europeos disfrutan de vidas más largas con más años de buena salud que nunca, gracias a los avances médicos y estilos de vida más saludables.
En segundo lugar, la creciente participación laboral femenina está convirtiendo a una gran parte de la población europea de dependientes a trabajadores.
La tercera gran transformación es que la futura fuerza laboral de la UE se verá diferente de la actual. Se espera que los trabajadores tengan una mejor educación, con muchas menos personas que terminaron su educación en la escuela secundaria o antes.
Que los europeos puedan esperar vidas más largas con buena salud es un logro histórico. El envejecimiento de la población es una marca de éxito. De hecho, casi todas las poblaciones del mundo ahora se están moviendo hacia versiones anteriores de sí mismas, con Europa más avanzada que la mayoría. Esta nueva frontera demográfica exige establecer expectativas realistas y una visión viable a largo plazo. El envejecimiento de la población es inevitable, pero es manejable y puede ser una gran oportunidad.
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